65 DÍAS DESPUÉS: CONTINÚA LA CRISIS POLÍTICA Y EL DETERIORO INSTITUCIONAL Y ECONÓMICO, MIENTRAS EL GOBIERNO EFECTÚA MÁS ANUNCIOS POPULISTAS

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06 Oct | 2021

Empezó la semana con la novedad de la presentación de la "Segunda Reforma Agraria" por el presidente Castillo y su cúpula de poder. La fecha elegida para esta presentación, no es fruto de la casualidad. Coincide con un aniversario más del golpe militar del General Juan Velasco Alvarado acaecido un 03 de Octubre de 1968.

Así, la referida fecha está dotada de un simbolismo, cuya búsqueda es típica en el accionar de las organizaciones comunistas que están acostumbradas a rememorar eventos del pasado que consideran transcendentes, heroicos o que habrían supuesto martirologios para ellos. 

Nos preguntamos si es que era necesario tanta parafernalia, tanto histrionismo, tanto show. La fecha y el nombre utilizados, son una reminiscencia romántica o nostálgica a un hecho que ciertamente fue trascendente pero que en muchos aspectos, a causa de su mal desarrollo, generó más pobreza, conflictos y caos tanto económico como social.

Ha sido estos últimos 20 años que nuestra agricultura ha logrado una recuperación y más que eso. Hoy, tanto el mercado interno como el externo, se benefician del comercio de productos producidos en nuestras tierras, siendo el aporte de la actividad agraria al PBI nacional del orden del 8%, y la población económicamente activa empleada en el sector de más del 24%. En efecto, hay regiones del país como por ejemplo Ica, que han llegado a tener tasas de desempleo del 0% a causa principalmente de la actividad agroexportadora.

Cierto también es que esta mejora no es suficiente. Que, sobretodo los medianos y pequeños agricultores, no gozan de los beneficios de la actividad, en las proporciones que sí los grandes agroexportadores. Que se presentan una serie de inequidades al momento de producir, de vender o distribuir sus productos que generan que el retorno de su inversión no sea la esperada. Y a este nivel es que es necesaria la intervención reguladora del Estado, para incentivar y mejorar su situación. El dilema radica en el cómo. Porque si esta participación va a significar repetir errores del pasado con políticas comunistas como la intervención del Estado como empresario, administrador y dándole el comando de instituciones, empresas, otros organismos cooperativos a crearse y hasta de la tierra, a personas poco preparadas, o que no tienen incentivos reales para administrar bien; no va a ser más que un nuevo fracaso a partir de repetir la ejecución de políticas que no resultaron.

Pablo Iglesias


Abogado de la PUCP. Magíster en Derecho de la Empresa de la PUCP y egresado de la Licenciatura Especial con Mención en Educación para el Desarrollo de la PUCP. Especialista en Derecho Civil, Arbitraje, Derecho Administrativo, Constitucional, Propiedad y Registros, Derecho Procesal, Protección al Consumidor, Derecho de la Construcción, Asesoría de Empresas y Política. Ejerce de manera independiente la abogacía y la Docencia. Es analista político.

Para pretender mejorar las condiciones de los medianos y pequeños agricultores, y en general del sector, no se necesita de anuncios rimbombantes o populismo barato y exacerbado. Tampoco que el Estado se llene de instituciones (ineficientes per se por la falta de incentivos reales de sus funcionarios y el complejo control del propio Estado) que aumenten la burocracia y el gasto a niveles setenteros u ochenteros. Se necesita trabajar en mejorar la gestión del Estado, su papel como regulador y como garante de la seguridad. Su rol como promotor de la actividad pero en principio dejando a los actores privados que se encarguen (son quienes normalmente poseen el conocimiento técnico y los recursos) y sólo intervenir en aquellos supuestos en que el mercado no pueda autorregularse. Es decir, se necesita que el Estado mejore en gestión, y que esta gestión suponga también disminuir las afectaciones causadas por la corrupción (lo ideal sería que desaparezca, pero ello no será de la noche a la mañana). No que el Estado controle la actividad y aplique políticas como el control de precios, exceso en subsidios y "protecciones" que perjudiquen el comercio de los productos y a la postre nos hagan perder competitividad, mercados, incentivos a la inversión y por ende trabajo.

No estaría demás tampoco, que los principales operadores del Gobierno, empezando por el Presidente y su primer ministro, se pongan a estudiar algo de Historia del Perú, Economía Política y Finanzas, para que dejen de repetir frases obsoletas y discursos anacrónicos. Creo les vendría bien también un terapeuta que maneje sus problemas de resentimiento y envidia que los inclinan a la izquierda, que son propios de una ideología y operan como taras que les impiden tomar las decisiones que necesita el país. 

Dicho esto, es menester que este gobierno se ponga a trabajar. Van más de 65 días desde que asumió y lo único que se ve es caos, incertidumbre, desconfianza. Discursos populistas en plazas en simultáneo con decisiones cuestionables que afectan la gestión y la estabilidad política, social y económica del país. Lo cierto es que cada día que pasa los peruanos nos volvemos más pobres. 

Este tema de la supuesta reforma agraria, no debe desviar nuestra atención del ámbito político, esencial para la gobernabilidad del país. A estas alturas, ya debemos habernos dado cuenta que el problema no radica en cada twitter o discurso del neófito y comunista Guido Bellido, o en la perfidia y el desinterés por el país que demuestra el senderista (aunque lo niegue, basta un serio análisis sin obviar elementos para comprobarlo) Iver Maraví, al no renunciar y seguir anteponiendo su interés personal al de toda la nación.  El problema es el presidente de la república y su nula capacidad de liderazgo aunada a la tara ideológica que le hace sintonizar con el discurso de Bellido y Maraví. Cada uno de estos individuos juega un rol. El del presidente es el del pobrecito ignorante que se deja mangonear por Cerrón y Bellido. Que no se da cuenta del error de Maraví. Y que no puede ser objeto de sanción (salvo la vacancia) en nuestro Ordenamiento Jurídico dado que para éste es en principio irresponsable. Los otros son los supuestos malos de la película, él no. Si bien es cierto que los otros perjudican al gobierno y al país, también es cierto que él es el presidente y tiene la capacidad de decisión inmediata sobre sus ministros y el Poder Ejecutivo que encabeza. Lejos de alejar a los ministros y personajes cuestionados y zanjar la crisis política (que deriva en la agudización de la crisis económica - cada tweet de Bellido por ejemplo supone una devaluación del Sol -) avala su actuación como podemos apreciar de hechos como por ejemplo su participación, con discurso incluido, en el lanzamiento de la nueva reforma agraria. El presidente respalda tanto a su premier como a su ministro interpelado, que los convierte en protagonistas de un anuncio tan importante para su gobierno, y les da tribuna incluso para que sigan despotricando de sus críticos y amenazando con el cierre del Congreso, si es que éste osa censurar al ministro senderista. 

Este gobierno nos ha acostumbrado hasta este momento, a discursos populistas y a una nula actividad ejecutiva. Lo cierto es que lo que comunica abunda en su perfil comunista, y entorpece el mercado, la inversión privada así como amenaza la propiedad. El presidente no parece entender que mantener a radicales comunistas en su gabinete es prolongar la crisis. Que avalar con su silencio las amenazas al Congreso, también prolonga la crisis, y no sólo ello, lo acerca a la posibilidad de ser vacado. Mientras tanto, los peruanos seguimos en el medio, viendo como lo logrado o mejorado estos últimos años se va al traste, cómo nuestro dinero cada día vale menos.

Esperemos la reacción del presidente. Cada día hay menos esperanza para ello. Lo cierto es que si esto no se da hasta el día de la censura de Maraví (que al parecer se dará), el Congreso debe mostrarse a la altura de las circunstancias y trabajar no sólo para la defenestración de Maraví y de Bellido, sino para la vacancia. Es lamentable pero cierto. Es un hecho que cada día que pasa este grupo de personas en el gobierno, es un paso en retroceso para nuestra patria. La pelota aún está en la cancha del presidente. Pero puede cambiar de lado en los próximos días.

 

Pablo Iglesias


Abogado de la PUCP. Magíster en Derecho de la Empresa de la PUCP y egresado de la Licenciatura Especial con Mención en Educación para el Desarrollo de la PUCP. Especialista en Derecho Civil, Arbitraje, Derecho Administrativo, Constitucional, Propiedad y Registros, Derecho Procesal, Protección al Consumidor, Derecho de la Construcción, Asesoría de Empresas y Política. Ejerce de manera independiente la abogacía y la Docencia. Es analista político.